“Todo por servir se acaba” y eso le pasó a mi camiseta, unos años después ya está en las últimas. En una época me la ponía para andar en la calle. Ahora sólo en la mañana muy temprano cuando salgo de casa, rumbo a la alberca, cubierta por las distintas capas de ropa que amortiguan el frío del amanecer.
¿Por qué estoy haciendo este ejercicio de nostalgia por la ropa en un blog de historieta? Porque precisamente esta prenda tenía un cómic, no era como generalmente ocurre, que se estampa en esas superficies un personaje de historieta. No, mi camiseta estaba impresa con lo que Román Gubern llama un cómic descriptivo (es decir, no narra una historia, sino que presenta las diversas facetas de una situación), en nueve viñetas tenía las instrucciones de qué hacer en caso de una ruptura amorosa, su lenguaje gráfico seguía la convención para señalizar que actualmente es la más extendida, la que estableció Otl Aicher en la Olimpiada de Munich en 1972.
De la misma forma que los letreros del metro que indican “Qué hacer en caso en incendio” o “Qué hacer en caso de un terremoto” los pictogramas daban instrucciones puntuales, por ejemplo “no insista, se acabó” y al final “sonría, la vida continúa”. Había dos versiones, una para hombre y otra para mujer. Debí adquirir las dos, pero esas cosas solo las vi en su momento por su valor de uso. No han vuelto a vender estos diseños.
Me acompañó un lustro en el que he vivido en tres ciudades distintas, me gustaba tanto que me la llevé de viaje varias veces. Si mi camiseta hablara…
